Lecturas (LXXIII) : Aprendívoros, aprender de las plantas y de la naturaleza

Es curioso cómo Santiago Beruete tiene un espacio en cada uno de mis blogs

En "Creciendo entre Flores" le dediqué una espacio a su primer libro "Jardinosofía"

https://creciendoentreflores.wordpress.com/2017/04/15/jardinosofia-una-historia-filosofica-de-los-jardines/

En mi segundo blog, "Vivir entre Flores", se lo dediqué a "Verdolatría"

https://vivirentreflores.wordpress.com/2018/12/01/verdolatria/

Y en este, "Disfrutando entre Flores", a "Aprendívoros : El cultivo de la curiosidad" que me acaba de descubrir en este enlace mi amiga Virtudes.

https://ethic.es/2023/02/un-jardin-es-una-escuela-de-virtudes-eticas/





Las plantas no pueden huir de las amenazas. No pueden poner pies en polvorosa, sino que acaban desarrollando estrategias para adaptarse. Este es un mecanismo muy valioso. Nosotros a veces no podemos cambiar la realidad, pero siempre tenemos la posibilidad de modificar nuestra forma de pensar esa realidad. Las plantas son resilientes, elaboran mecanismos para sobrevivir en los más difíciles hábitats. Todo al servicio de la continuidad. Incluso ahora vamos conociendo las complejas relaciones simbióticas que hay en el subsuelo, sus redes de apoyo mutuo. Estamos descubriendo que existen otras formas de inteligencia que no son humanas y que son capaces de resolver problemas. Debemos empezar a ver las plantas, al mundo vegetal, como maestros de vida y no solo como objetos. Mientras no seamos capaces de hacer esto, y sigamos disociados entre cultura y natura, es una arrogancia llamarnos sapiens.

No es necesario tener un gran jardín. A veces se trata de cuidar de unas plantas. Colaborar con el crecimiento de las plantas, de tu huerto, de tus maceteros, lo que sea, ayuda al propio crecimiento personal, a la renovación interior. Para cuidar un huerto, un jardín, o unas macetas, necesitas atender a otro ser vivo. Es una enorme escuela del cuidado. Ver crecer lo que plantamos nos brinda una fuente genuina de gozo y nos permite la introspección. Salir al jardín es entrar en uno mismo. Porque cuando nos ocupamos de otro, nos ocupamos de nosotros. Logramos romper la burbuja en la que vivimos atrapados. En un mundo cada vez más abrumado por las prisas, obsesionado con la productividad, ocuparse de un jardín es una forma de insumisión genuina que nos vuelve a reconectar con lo que fuimos. 


Nota : He leído un avance del libro y creo que es una lectura muy recomendable.

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