Viajando si ir muy Lejos (CDIII) : El Viaje de la memoria (II) : Conil de la Frontera

Cuando empiezo a pensar y a escribir sobre Conil pienso que por su precocidad en el tiempo (tenía cuatro años el primer verano), sus recuerdos son, probablemente, los que más me marcaron y los que dejaron en mi una señal difícil de borrar. Son de un valor incalculable, de unidad familiar, de tiempos felices de asueto, de niños afortunados en tiempos difíciles que nos pudimos permitir pasar los tres meses del verano allí.

De una playa virgen apenas explorada, de arena finísima. De paredes blancas con sonido de pozo y de grillos, de azoteas. Sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido y no hubiera relojes, expuestos al sol todo el día sin factor de protección.


Todo empezó cuando vi esta imagen de este comercio de Anton Pieck que me trajo el recuerdo de la tienda de Conil de Manuel Brenes en la que se vendía de todo. Recuerdo su ubicación y aquel mostrador donde compraba altramuces, entre otras cosas. Recuerdo que las cuentas se hacían sobre un papel de estraza.
La tienda no se parecía a la de la imagen pero sin quererlo hay imágenes que nos transportan a la infancia como si el tiempo no hubiera transcurrido


Me he valido de una serie de imágenes de una página de fotos antiguas de Conil para guiar mi relato

El Arco por el que se accedía o se salía del pueblo. Recuerdo traspasar ese arco y aún escucho las expresiones con el acento "conileño" de sus habitantes cuando nos veían llegar de un verano a otro.


La Plaza de España

No sólo era un lugar principal para el pueblo sino un lugar muy importante para nuestra familia porque esa casa central de los miradores era la de una familia de amigos muy queridos, Los Mora Figueroa. Otra familia numerosa . Cada uno de los herman@s era amig@ de algun@ de nosotr@s.


Foto de mi hermana María José en la escalera de la casa junto con las amigas



Plaza de España en 1972


El Arco por el otro lado

Por ahí entrábanos al pueblo cuando llegábamos del tren desde S. Fermando




En Feria. Mi hermana María José con sus amigas



La jábea y el copo y los tractores ¡qué recuerdos!

Nosotros lo llamábamos como los lugareños “La jáviga” y pensamos que se escribía con “h”y se pronunciaba con “j”. Pues no, se escribe con “j” y es “jábega”y deriva de una embarcación de pesca del litoral malagueño de 6 o 7 metros, después , a partir del S.XIX,  se extendió al litoral de Cádiz. Esta barca dio nombre al arte de la pesca con red de cerco y tiro (cobrada desde la playa) y, a su vez, tomó el nombre de la palabra árabe “sábaka” que significa “red”.

Yo tengo muy interiorizados los atardeceres en la playa sacando el copo (caballas, sardinas, jureles etc..) en la que nos arrimábamos para ayudar a tirar de la soga, a “jalar” al son de “jala, jala”. Después, éramos premiados con algún jurelillo o caballa en el cubito. Se dice que es pesca de sardina (será en Málaga) pero yo recuerdo en Conil, sacar caballa y otras especies.

Veo que es uno de los recuerdos de infancia que nos marcaron mucho a mi hermano Antonio Luis, a mi hermana Pilar y a mí. (12-09-2010)


Casa de Postas el primer año que veraneamos en Conil 1957


El Puente que nos conectaba con la playa


María José en dos veranos diferentes




Y los chozos de anea


Calle José Velarde 1968

Una de esas viviendas de la derecha fue la que alquilamos un verano. Tenía azotea. Qué recuerdos me ha traído la imagen

Y las azoteas de Conil, con un blanco aún más intenso y un inmenso cielo azul ante mis ojos. No sé ni como me gusta recordarlo porque en la de Calle José Velarde me picó una avispa cuando subí a enseñarle un avispero a mis amigos. Me picó en todo el ojo y en él me echaron, según el saber popular, barro de las macetas que se usaba con la finalidad de bajar la hinchazón y aliviar el dolor del veneno.


Calle José Velarde en 1976


Los Jardines de Santa Catalina


La oficina de correos aunque el cartero era otro diferente


Gracias, María José, por compartir

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