Haciendo del hogar un lugar acogedor (LXXXII) : Dime cuál es el rincón favorito de tu casa

Me pareció que el tema de hoy, "Dime cuál es el rincón favorito de tu casa", podía ser atractivo y pensé pedir colaboración a los seguidores aunque entiendo que es difícil elegir un lugar en particular porque según para qué actividad uno tiene distintas preferencias. También sucede que muchas personas no son conscientes del lugar que le proporciona momentos agradables. En España parece que no hay una palabra que defina ese espacio como sucede por ejemplo en los daneses con la palabra "hygge".

En mi caso, ya he hablado en otras ocasiones de lugares especiales de la casa como la cocina a la que he llamado " el alma de la casa" o el cuarto de estar en el caso de mi madre.

El orden de las colaboraciones es el del orden de recepción de las mismas

Algunos como Javier nos describen dos espacios.

Javier


En nuestra casa, tenemos dos rincones preferidos:

Uno para poder disfrutar en mayor medida del clima más cálido, sin mucho espacio, pero sí respirando todo lo que ofrece el exterior, aprovechando los toques de color de la primavera.

El segundo, más propio de otoño-invierno, acogedor para ampliar el tiempo de lectura, cine, las reuniones familiares y en alguna ocasión enfrentarnos en una partidilla de Chinchón.

Quizás, o seguro, si algo echamos de menos, sea esa mesa camilla redonda  con faldillas y brasero que no faltaba en casa de nuestros padres...




Miguel Ángel

Aquí te presentó mi lugar preferido de la casa. Se ubica en el casco histórico de Toledo, en el barrio cristiano, por la zona de la Diputación Provincial, en un edificio del siglo XVII, que consta de un agradable patio toledano. El rincón se encuentra en la entrada de la casa. Como se puede ver hay una mesa y dos sillas plegables, además de algunas plantas. Sobre la mesa suele haber una taza de café o de una infusión, libros, libretas y revistas. Me gusta disfrutarlo, especialmente en primavera, a primeras horas de los días de verano y en los días soleados del otoño.

Teresa

Mi rincón favorito de la casa. Mi lugar para leer, rodeada de mis libros y desconectar un ratito. Aquí siempre ha habido un sillón, aunque ahora lo hayamos cambiado por este chaise longue. En el anterior pasé muchas horas descansando con mis bebés en brazos mientras los dormía… Hay rincones que guardan tantos recuerdos que siempre serán especiales.

Sol

Mi rincón favorito de los últimos años estaba a ambos lados de la ventana que aparece en esta fotografía. Acabo de descubrir, sin embargo, que solo fotografié su exterior. Nunca tomé una foto del lugar concreto donde estaban la silla, el ordenador y los cuadernos y bolígrafos que tenía dispersos por toda la mesa. Quizás porque era lo que miraba cuando me sentaba allí. Los pájaros que venían a picotear las hojas de las plantas de la ventana, las flores de los arbustos que había junto a la pared, el círculo con el yin y el yang que César había construido con césped y piedras blancas y, por supuesto, los tres árboles que extendían su sombra por casi todo el patio me parecían extraordinariamente bellos en esos momentos. Por la noche, el olor de las flores blancas de la plumeria se intensificaba y me producía un gran placer.

La foto está tomada desde el lugar donde más tiempo pasé en aquella casa: sentada a la mesa que reubiqué junto a esa ventana. La luz que dejaba entrar me lo sugirió desde el primer día. Resultó ser un acierto, porque solo dejaba aquel rincón cuando se hacía de noche. Creo que la estructura de la casa, el lugar, la orientación, el tamaño de la ventana, todo en su conjunto, hacía que la luz de ese rincón tuviera una intensidad y un color como yo nunca había visto antes. O quizás simplemente era que, por alguna misteriosa razón, esa luz se acomodaba a mí como un vestido hecho a medida. A veces la podía sentir a mi alrededor como si me despertara otro sentido aparte del de la vista.

El placer que me provocaba ese espacio a ambos lados de la ventana venía acompañado, muchas veces, por el deseo imposible de retenerlo conmigo para siempre. En esos momentos era cuando me sentía completamente consciente de lo que me gustaba ese lugar y, a la vez, sabía que, en algún momento no muy lejano, lo perdería. Aquellos pocos metros, que fueron míos durante un tiempo, me hacían sentir parte de ellos como ningún otro lugar hasta el momento.

Virtudes



En nuestra casa, fuera de Madrid, tengo varios rincones predilectos pero la cocina es mi preferida. Aparte de los buenos perfumes gustativos, de la música del cacharreo y del agua del fregadero, es sobre todo un lugar de convivencia. Hasta a mis amigas les encanta merendar alrededor de la mesa de la cocina cuando las invito. Es más cercano, informal.

Siempre me han gustado las cocinas, sobre todo de tipo rústico. Quizás por eso mi cocina "moderna" acumula elementos rústicos. Por ejemplo, el aparador de madera de pino de estilo provenzal, detrás de su vitrina, alberga una diversa cantidad de objetos que poseen todos unos recuerdos e historia que contar. Siempre a su vista desde el desayuno y en los múltiples pasos que damos a lo largo del día en la cocina.



De Tatia




Mi lugar favorito es la terraza de casa...coloco mis flores...y veo amanecer...oxígeno para el día...salud para el alma.

De Abel


La Buhardilla

Después de darle vueltas, me quedo con la buhardilla, donde escribo, con el sol de otoño cayendo de refilón sobre la mesa hasta rozar el ordenador. Cualquier rincón de la casa merece mi consideración entusiasta -¡como en casa, en ningún sitio!-, pero esta estancia amplia, irregular, luminosa donde se amontonan los libros y los recuerdos me atrae poderosamente. Es mi mina y, en cierta medida, el espejo de la realidad. Aquí he escrito una docena de libros y cientos de artículos. Es, por tanto, el lugar de mis sueños y el de rebuscar entre los cristales rotos de la memoria.

Sobre la mesa y los alrededores están expuestos los premios y regalos curiosos del largo camino recorrido y las fotos familiares. A la derecha, las viejas fotografías de los padres y los abuelos junto a la pequeña arqueta aquerada donde guardo mis intimidades -el cuaderno de la escuela, la necrológica de mi padre...-, que sirve de soporte a un caballo de cartón; a la izquierda, en una mesita cuadrada, las fotos de los nietos, y encima de mi mesa de trabajo, siempre a la vista, la hermosa figura de Pilar vestida de novia el día de nuestra boda. Enfrente, entre el desordenado e interminable escaparate de libros, que desbordan hasta las escaleras, destaca el tremendo grabado del Felipe II de Saura, un telescopio para contemplar las estrellas y el gran cartón promocional de mi libro “Suárez y el Rey”, Premio Espasa de Ensayo, con la célebre foto de los dos paseando de espaldas y el rey Juan Carlos posando su mano sobre el hombro de un Adolfo Suárez ausente, que ya no conocía al Rey ni sabía que él había sido presidente del Gobierno. Al lado, un jarrón chino, fruto de un regalo, y un ficus cuyas ramas llegan hasta el techo.

A mi espalda, ocupando la parte central de la librería, el Diccionario Espasa y la colección completa de las obras de Pío Baroja. Esto último merece una explicación. Mi madre sólo tenía estudios primarios, pero era muy aficionada a la lectura. Poco a poco, iba adquiriendo y guardando en un baulillo los fascículos de las obras de Baroja, a las que se aficionó, y un día un cura tridentino la obligó a quemarlas porque eran un peligro para mi alma, un niño que apenas empezaba a leer. Con mis primeros ahorros, ya de mayor, no se me ocurrió nada mejor que comprar toda la obra de don Pío, que, para aquel cura temeroso, era, por lo visto,”don Impío”.

En el rincón de la izquierda según se entra al despacho, el visitante contemplará un hermoso mapa antiguo del mundo y las realistas figuras de terracota del Gordo y el Flaco, con los que me he reído mucho en la vida. A través de la amplia claraboya por donde entra el sol contemplo el alto abeto del jardín del vecino, y me acuerdo siempre de Cicerón: “El que tiene un jardín y una biblioteca, tiene todo lo que necesita”.


De Francesca



El 24 de octubre de 1929 Virginia Woolf publicaba "Una habitación propia", una serie de ensayos en los que reivindicaba la necesidad de un lugar físico donde las mujeres escritoras pudieran dar rienda suelta a su imaginación, sentimientos y todo aquello que deseaban poner negro sobre blanco.
Yo nací dentro de una familia numerosa donde resulta imposible poseer un rincón siquiera para una misma, contando con que se compartían dormitorios y los deberes del colegio se hacían en la mesa del comedor.
En ese ambiente, aprendimos a concentrarnos en las tareas, cosa nada fácil estando rodeados de reclamos infantiles : risas, llantos, peleas o el "chucuchú" del tren de los más pequeños.
Durante mi edad adulta siempre he buscado ese rincón, ese espacio propio donde no molestar a nadie ni nadie me molestara.
Afrotunadamente, hoy puedo disfrutar, como Virginia, de una habitación propia a la que deseo llegar cuando llevo un tiempo fuera de casa.
No tiene nada de especial pero ahí está todo lo que necesito para ser feliz, no siendo mi gente querida.
En una de las paredes, un gran mueble con mis libros, música del que, abriendo puertas y cajones, veo salir cestas con papeles de distintos colores y texturas, telas, hilos y lanas, botones, lápices, pinturas, pegamento, reglas, recortes de periódicos y revistas...todo un arsenal digno del señor Diógenes que utlizo para realizar collages y pequeñas obras que calman mi parte creativa.
Aquí guardo también mis colecciones de abanicos, búhos, lapiceros, postales y los álbumes de fotografías familiares.
Junto al mueble, mi sillón favorito en el que me relajo, escucho música, leo e incluso, dormito si me lo pide el cuerpo.
Desde este cuarto querido os escribo y espero para poder leeros y compartir así nuestros mejores momentos.




Nota : He querido dejar el texto manuscrito en cuaderno de espiral porque me ha resultado muy entrañable así como la portada del libro citado por si alguien estuviera interesado.

De Belén

Mi refugio en el porche de la cocina

Si tuviera que elegir el lugar más especial de mi casa, lo tengo claro: es el porche de la cocina.

Para mí es el rincón donde mejor me encuentro y, sin duda, mi forma favorita de empezar el día; o al menos lo intento siempre que puedo, sobre todo los fines de semana.

Mi momento preferido es a primera hora de la mañana. Me gusta salir a disfrutar de un buen desayuno con un café de puchero humeante y un buen libro o una libreta para escribir algún pensamiento que ronda por mi cabeza, saboreando un rato de absoluta tranquilidad.

Es un instante de relax muy íntimo, donde el tiempo parece ir más despacio.

Desde allí contemplo la parcela, un espacio lleno de significado para mí. 

Tengo plantadas varias flores y arbustos cargados de historia: una planta que era de mi abuela, otra de mi madre, y algunas más que llegaron como regalos de personas que me quieren bien. Un poco más allá, casi al final del terreno, una oliva preciosa se convierte cada mañana en el punto de encuentro de los pájaros, y escuchar su canto es un auténtico regalo.

Lo que hace mágico a este porche es el contraste. Aunque la parcela linda con una carretera de mucho tráfico, cuando estás ahí sentada el ruido de los coches casi desaparece. Se diluye por completo. En su lugar, queda el rumor de una brisa espectacular que corre siempre, logrando que este rincón sea mi desconexión perfecta antes de que empiece la rutina del día.


De Masé

Mi lugar favorito de la casa es aquel en el que se crean los recuerdos más bonitos: la cocina y el salón, porque están llenos de vida, es allí donde la casa se convierte en hogar.
La cocina, llena de luz y con agradables vistas a través de la ventana, ver el verde de los árboles, mi color favorito, es el lugar donde cada día compartimos desayunos, comidas y cenas, y donde se cuece mucho más que la comida: se cuecen conversaciones, risas y pequeños momentos que nos unen.


El salón, por su parte, nos reúne alrededor de la mesa cuando vienen los amigos, abuelos, los tíos y los primos, y nos regala tardes de sofá y películas en familia. Son dos espacios abiertos a compartir y crear recuerdos.


Porque al final un hogar no son sus paredes, sino las personas con las que compartimos la vida.
Así que también podría ser el jardín con sus barbacoas.
Tengo 3 espacios qué suerte tan grande

De Concha

El lugar preferido de mi casa es:
 *El mirador de mi comedor sentada en mi mecedora 

Me encantan las plantas, mi madre me transmitió su amor por las  macetas y las plantas desde pequeña y creo que yo también se lo he transmitido a mi hija Sara.
Siempre me gustaron las terrazas con plantas pero en mi casa actual no tengo balcón. 
En su lugar he organizado este rincón que me produce paz y me trae belleza a diario.
Veo como crecen las hojas, florecen algunas macetas, quito las hojitas secas y me siento muy bien cuidándolo.
Tambien desde pequeña me gustó balancearme y siempre quise tener una mecedora como las de las casas de las abuelas, para leer y mirar por la ventana.
Es mi lugar preferido aunque si soy sincera me siento a leer en él muchas menos veces de las que me gustaría... Siempre me busco actividades y aunque me encanta, me cuesta parar y estar dos o tres horas seguidas leyendo que es algo genial.
Tengo otros rincones que también me gustan pero este es el mejor. 



Mis rincones favoritos

En mi caso, encuentro muchos rincones de la casa evocadores y acogedores pero no es cuestión de sobrepasar los límites de la propuesta de modo que voy a circunscribirme a dos, la cocina que da al este desde la que se puede contemplar el amanecer y la terraza al oeste que invita a ver los atardeceres con bellísimas puestas de sol.

La cocina es el lugar principal donde se realizan gran parte de las actividades cotidianas como las comidas en torno a una confortable mesa, mesa en la que también escribo en momentos puntuales.

Tiene un ventanal con unas jardineras con plantas y una veneciana que deja pasar la luz de un modo especial


A la mesa, en forma de isla, nos sentamos actualmente dos pero siempre me evoca las comidas familiares cuando éramos cinco. El espacio estaba diseñado para que cupiéramos la familia al completo  y en ocasiones seis cuando se sumaba algún sobrin@. También me evoca las disertaciones familiares con temas tan diversos a los que yo bauticé irónicamente con "lecciones" porque los temas se iban rotando y actualizando. Ha habido siempre un maridaje entre ciencia y calor de hogar.
En la cocina inicié a mis hijos en el arte culinario, hice talleres de flores secas, horneé pan y bizcochos, cosí a máquina, jugué a las cartas y a otros juegos y compartimos tardes de chocolate a la taza.
La cocina siempre será un lugar de evocación de otras cocinas, la de la casa familiar, la de mis hermanas, la de algunas primas y amigas.

La terraza, pequeña, permite ampliar horizontes y divisar varias colinas. Diariamente, contemplo los atardeceres y asisto al murmullo de las aves que acuden en bandada a dormir al plátano de sombra del jardín contiguo.


No son muchas las plantas que hay en la terraza pero casi todas las que hay tienen un vínculo especial con una persona, con un lugar o con un jardín,  como es el caso del granado de Las Nieves.
La terraza también me gusta contemplarla desde la butaca del salón, butaca en la que suelo sentarme a leer, escribir y ver cine.



Querid@s amig@s y seguidores : me ha encantado que hayáis tenido la generosidad de compartir vuestros rincones favoritos en el blog. He disfrutado mucho preparando esta entrada y me ha gustado conoceros un poco más a través de los mismos.

Gracias a tod@s

Creo que estas iniciativas son la parte más atractiva del blog. Ojalá se sumen algun@s más. Dejo abierto la posibilidad de seguir enviando rincones y relatos.

Continuará...


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