Añorando la infancia propia y la de mis hijos

La imagen de esta niña me ha llevado a aquellos años de mi infancia en los que me pasaba el día buscando conchas en la playa de Conil.

En la casa familiar estuvieron muy presentes las conchas. Pasábamos los veranos en Conil de la Frontera (Cádiz) donde las conchas eran muy abundantes. Mi hermana Pilar y yo pasábamos horas buscando en la arena y debíamos de tener una vista privilegiada, que aún conservamos, porque llegamos a encontrar opérculos del tamaño de la punta de un alfiler (lástima que no hayamos guardado esas colecciones). Como llavero de la caseta de la playa solíamos usar una concha de las que ya venían con un agujero arriba lo que aprovechábamos para pasar la cuerda a la que iría atada la llave. Esa concha solía ser la Ovovaria retusa que era una de las más comunes.
Mi padre, que fumaba mucho, utilizaba como cenicero conchas que o bien podían ser los caparazones de grandes ostras o alguna concha grande de nácar de las menos vistosas.


Y también la búsqueda de coquinas removiendo la arena con los pies.


Y la de mis hijos con su caza marisco en las playas de Noja (Cantabria) en las que disfrutamos durante tantos veranos.


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