Artesanía con Flores (CCCXII) : De plumas y tinteros
En "Creciendo entre flores" dediqué una amplia entrada a lapiceros, y plumas estilográficas
Y el pasado año edité esta otra entrada donde los seguidores aportaban sus colecciones
https://disfrutandoentreflores.blogspot.com/2025/01/pasion-por-el-coleccionismo-xv-las.html
Ayer escribía Abel Hernández sobre el tintero y la pluma
Lo que cuenta Vidal
La verdad es que en el Colegio
era obligado escribir con pluma o plumilla con palillero y los pupitres tenían
huecos para colocar tinteros de cerámica blanca, con tinta azul y roja, para
los cuadernos de limpio. Así estuve tres años con lo que adquirí mucha soltura
y experiencia para escribir con pluma o plumilla. De hecho, me gustaba tanto la
plumilla que en mi época de la “edad del pavo”, con 14 años, escribía mis
poesías, historias y novelas con plumilla en mi habitación, que luego leía a
mis amigos, a los que agradezco su interés ya que seguían las aventuras que
escribía con la mayor emoción y silencio, aportando al final ideas sobre cómo
debía haber afrontado alguna situación o el final, lo que me animaba a
transcribir lo que mi imaginación desbordante de historias y aventuras dictaba
a mi mano.
Lo que cuenta Virtudes
Yo recuerdo a menudo las escuelas y clases de mi infancia. He utilizado los tinteros de loza, su tinta azul con un olor especial, las plumillas metálicas. Y no era en una escuela rural sino del casco antiguo de Burdeos y también la del pueblo a tan solo 7 km de Burdeos. En ambos lugares eran los mismos pupitres, los mismos tinteros, plumas y plumillas, como en toda Francia en los años 50 y principios de los 60.
En ambas escuelas donde estudié, los alumnos teníamos tareas, como por ejemplo rellenar los tinteros, por turnos. Yo recuerdo que la maestra nos ponía un mandil encerado y nos entrega una botella de vidrio, relleno de tinta azul, con un tapón surtidor. Teníamos que tener cuidado al echar la tinta para que no rebosase el tintero. Recuerdo las plumas de madera y las cajitas de plumillas que comprábamos en la papelería. Recuerdo que para que las plumillas usadas parecieran nuevas, las pintábamos con un lápiz de mina gris de toda la vida. Después llegaron las plumas de plástico, con diseños de colores y hasta con barquitos o peces flotando en agua, dentro del grosor de la pluma. Empezó la competición en quien tenía la pluma más novedosa.
Tinteros colección Carranza Museo de Santa Cruz (Toledo)





Muy curioso. Hasta que salimos del cole escribiendo con pluma. Si quieres te hago el relato
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