Huerto (LXXXV) : Huertos urbanos sociales y compartidos (I)
La lectura del libro de Pia Pera :"Las virtudes del huerto. Cultivar la tierra es cultivar la felicidad", del que ya hablé hace unos días
https://disfrutandoentreflores.blogspot.com/2023/12/lecturas-xv-las-virtudes-del-huerto-ii.html
Me descubrió algunos temas de interés como el de los huertos sociales, como el de Chiasso (Suiza) y el de los huertos compartidos y, tirando del hilo, di con este estupendo artículo.
https://reader.digitalbooks.pro/content/preview/books/104428/book/OEBPS/text/c01.html
El Cultivador natural feliz
Las cinco reglas de un cultivador natural feliz
Es un viaje de descubrimiento infinito en el que se entra en contacto con la naturaleza para observarla y aprender de ella. Colaboramos con la naturaleza y hacemos equipo con ella, y no en su contra.
En el huerto natural todo es fácil. No es un curso de física cuántica ni de técnicas agrícolas avanzadas: es una práctica sencilla y milenaria al alcance de todos. Si en el Neolítico lo lograron, nosotros también lo podemos hacer.
No es necesario ceñirse a una sola técnica: podemos utilizar lo que nos vaya bien fijándonos en diferentes técnicas; por ejemplo, podemos emplear las cajoneras de la agricultura sinérgica porque son más cómodas y una maceración biodinámica para contener los hongos.
Elegiremos siempre plantas adecuadas para nuestro microclima, para nuestro terreno y para las horas de luz de las que disponemos. Es inútilmente frustrante intentar cultivar sandías en un huerto orientado al norte a 1200 metros de altitud, así como pretender que las lechugas sobrevivan en agosto en un huerto a pleno sol.
No hay que desmoralizarse, porque siempre hay una solución. Si leéis que lo ideal para vuestro huerto es estar junto a una franja de bosque, pero solo disponéis de un balcón en la ciudad o de un huerto en medio de una llanura desértica, igual se puede hacer algo. Por ejemplo, las plantas de bambú son magníficos cortavientos y el humus también se puede producir en un vermicompostador de balcón y no solo en el bosque.
Huertos urbanos y huertos sociales
Los huertos sociales son una realidad que empezó a desarrollarse en las grandes ciudades americanas de los años setenta del pasado siglo, sobre todo en Nueva York, pionera en esta práctica. Desde entonces, grupos de ciudadanos organizados empezaron a limpiar y cultivar espacios inutilizados entre los jardines públicos, edificios y patios de comunidades de vecinos. De ahí nació una verdadera moda, que pronto se exportaría al otro lado del océano, sobre todo a Gran Bretaña y luego a otros países europeos. Actualmente son muchos los huertos que se cultivan en las grandes ciudades, ya sea en terrenos de propiedad estatal o en estructuras organizadas que alquilan parcelas de terreno a los ciudadanos para que hagan un huerto, normalmente con una cuota anual que incluye el almacén de herramientas y la instalación del riego.
Las experiencias más hermosas y constructivas suelen nacer de asociaciones territoriales que se encargan de difundir prácticas de sostenibilidad y que ponen terrenos a disposición de sus socios o cultivan un gran huerto en comunidad.
Además, hay muchos municipios que han diseñado huertos urbanos permanentes abiertos a jóvenes, familias, mayores, parejas de mediana edad, refugiados políticos… En Madrid existe la Red de Huertos Comunitarios, que organizó en 2015 un encuentro estatal con una amplia asistencia de diferentes proyectos de Valencia, Barcelona, Sevilla, Valladolid, entre muchas otras localidades españolas. Desgraciadamente, en las normativas de algunos de estos proyectos no se controla lo suficiente el uso de herbicidas y pesticidas, de modo que es mejor leer antes el reglamento de uso del huerto para no terminar cultivando verduras junto a difusores de venenos que inevitablemente contaminarán también nuestros cultivos.
Si en tu zona no hay iniciativas de este tipo, puedes emprender la creación de un comité cívico para solicitar espacios municipales y gestionarlos como asociación.
Entre los proyectos más innovadores de socialización en relación con los huertos, cabe mencionar el de Chiasso, en Suiza: dos mil metros cuadrados con sesenta huertos diseñados para ser un espacio compartido por todos los ciudadanos. Aparte de las parcelas de cultivo y las casetas para guardar las herramientas, instalaron una mesa grande de madera de castaño, que atraviesa la parte central, con la idea de que sirviera para comer todos juntos. La zona también cuenta con una barbacoa, pérgolas con banquitos y espacios para conversar. Además, se eliminaron las vallas que separan un cultivo de otro. Los cultivos de estos huertos son naturales y el arquitecto que lo diseñó también realizó un trabajo paisajístico, inspirándose en la permacultura.
En Italia, el proyecto de huertos sociales urbanos más grande es el de Bolonia: casi tres mil huertos puestos a disposición de los ciudadanos, divididos en aproximadamente veinte zonas de cultivo por cortesía del ayuntamiento. La experiencia de Bolonia ha sido una gran impulsora en Italia, y empezó en 1980 como un punto de encuentro entre los residentes de los diferentes barrios. Entrar a formar parte es muy sencillo: tienen acceso al cultivo de un huerto en el terreno del ayuntamiento todos los habitantes de Bolonia, con listados de prioridades según los barrios en los que se encuentran los huertos. En estos, al igual que en los colegios, se han puesto en marcha actividades didácticas e iniciativas culturales. Además, en el caso de Bolonia, el sistema de asignación de los huertos está totalmente informatizado y las listas de prioridades se renuevan cada cuatro meses. Algunas asociaciones surgidas a raíz de este proyecto ofrecen cursos gratuitos a otros ciudadanos o a asociaciones sobre cómo construir un proyecto de huertos urbanos. La información al respecto se encuentra en Iperbole, la red del Ayuntamiento de Bolonia, dentro del sector de zonas de huertos compartidos.
Huertos compartidos
¿Qué son huertos compartidos?
Es una filosofía en la que la persona que tiene la tierra pero no puede trabajar en ella. La comparte con alguien que tenga el tiempo y las ganas de cultivar. Es una agricultura comunitaria y ecológica.
Con este método no hablamos de arrendar la tierra. La persona que tiene la tierra, la cede a alguien que va a cultivarla, para luego compartir la cosecha. De esta manera ambos obtienen un beneficio y producen sus propias frutas y verduras.
Los huertos compartidos fomentan:
La horticultura urbana.
La recuperación de huertas tradicionales.
La agricultura ecológica.
La soberanía alimentaria (autosuficiencia).
La producción local de alimentos.
La solidaridad, cooperación y voluntariado.
https://www.huertos.org/tag/huertos-compartidos/

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