Entre amigos (XLV) : Compartiendo hortensias
Según fui recibiendo imágenes de hortensias pensé que estaría bonito hacer una entrada recopilándolas
De Cristina en Gijón
De Mercedes en Ortigueira
Unas que me pasó José Luis en una vivienda en Toledo
De mis paseos en Toledo
EL JARDINERO SEVILLANO
«En Sevilla, Triana, y en un bello huerto sobre el Guadalquivir, calle del Ruiseñor, además (y parece demasiado, pero estas coincidencias son el pueblo auténtico). Desde el patio se veía ponerse el sol contra la Catedral y la Giralda, términos rosa fuego entre el verde oscuro. El hortelano jardinero, hombrote fino, vendía plantas y flores que cuidaba en su mirador con esmero exquisito. Quería a cada planta y cada flor como si fuesen mujeres o niños delicados, y aquello era una familia de hojas y flores. Y ¡le costaba tanto venderlas, dejarlas ir, deshacerse de ellas! Este conflicto espiritual (los tenía a diario) fue por una maceta de hortensias.
Vinieron a comprársela, y él, después de pensarlo y dudarlo mucho, quedó comprometido en el trato. La vendía, pero a condición, impuesta por él, de vigilarla. Y se llevaron la hortensia. Durante unos días el jardinero estuvo yendo a verla a la casa de sus nuevos dueños. Le quitaba lo seco, la regaba, le ponía o le sacaba una poquita de tierra, le arreglaba las cañas. Antes de irse estaba un rato dando instrucciones para su cuido: “Que debe regarse así o no asá; que el sol no tiene que darle sino de este modo; que mucho cuidado, señora, con el relente; que lo de más acá, más allá.”
Los dueños se iban ya cansando de sus visitas. (“Bueno, bueno, no sea usted pesado. Hasta el mes que viene, etcétera”), y ya el jardinero iba menos, es decir, iba lo mismo, pero no entraba. Pasaba por la calle y veía la hortensia por la cancela. O entraba rápidamente, pasando su vergüenza, con un pretesto: “Aquí traigo esta jeringuilla que me he encontrado, para que la rieguen ustedes mejor”, o “que se me había olvidado este alambrito”, o lo otro. Y con estas disculpas se acercaba a “su” hortensia.
En fin, un día llegó nuevo y decidido: “Si ustedes no quieren que yo venga a cuidarla, me dicen ustedes lo que les doy por ella, porque yo me la llevo a mi casa ahora mismo.” Y cogió entre sus brazos el macetón añil con la hortensia rosa y, como si hubiese sido una muchacha, se la llevó».
La publicación de Gonzalo González Landa, un gran coleccionista de hortensias que además se ha interesado por ver cómo se han plasmado las hortensias en obras de arte de diferentes pintores
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