Haciendo del hogar un lugar acogedor (XXVI) : Miradores, la fascinación por la luz
En "Creciendo entre Flores" dediqué una entrada a las ventanas como puerta de entrada a la vida
https://creciendoentreflores.wordpress.com/2016/02/09/ventanas-que-no-dejan-indiferentes/
Siempre viví rodeada de luz, al menos desde los once años cuando nos trasladamos a vivir a la C/Goya en Madrid, a un ático del que guardo muy gratos recuerdos y fotos que no olvidaré, incluso de un día tan señalado como el del primer alunizaje.
Mi madre usaba una expresión
para definir las casas en las que la luz y el sol son lo que predomina :“Esta
casa es un sanatorio”, le gustaba decir.
Del ático de Goya en el que
vivimos durante seis años, pasamos a la
terraza de Colombia en la que viví desde 1970 a 1979, fecha en la que me casé.
Esa terraza ha sido testigo de muchas tardes, días de domingo y cenas así como
de encuentros familiares que tampoco olvidaré.
Mi primera casa de recién
casada en Madrid, también tenía mucha luz a pesar de estar en núcleo urbano y disponer
solo de dos ventanas.
La primera casa en Toledo, en Buenavista se
asomaba a un espacio abierto al campo y, a pesar de tratarse de un primer piso,
estaba tan elevada que parecía una atalaya desde la que se divisaban grandes
extensiones de olivares (hoy desaparecidos) por donde transitaban conejos,
perdices y un búho, Leónidas, al caer la tarde.
Y en la casa actual, el mirador es el protagonista
Carl Holsoe


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