Cuando empiezo a pensar y a escribir sobre Conil pienso que por su precocidad en el tiempo (tenía cuatro años el primer verano), sus recuerdos son, probablemente, los que más me marcaron y los que dejaron en mi una señal difícil de borrar. Son de un valor incalculable, de unidad familiar, de tiempos felices de asueto, de niños afortunados en tiempos difíciles que nos pudimos permitir pasar los tres meses del verano allí. De una playa virgen apenas explorada, de arena finísima. De paredes blancas con sonido de pozo y de grillos, de azoteas. Sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido y no hubiera relojes, expuestos al sol todo el día sin factor de protección. Todo empezó cuando vi esta imagen de este comercio de Anton Pieck que me trajo el recuerdo de la tienda de Conil de Manuel Brenes en la que se vendía de todo. Recuerdo su ubicación y aquel mostrador donde compraba altramuces, entre otras cosas. Recuerdo que las cuentas se hacían sobre un papel de estraza. La tienda no se pa...
Gracias a ti M.Angeles. El jardín empieza a vestirse de colores!!!!!!!
ResponderEliminarY se pondrá más bonito en un par de meses.
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